jueves, 11 de enero de 2007

IV. La tarde que te amé

N/A: Este capítulo va dedicado a mi amigo Kojure... después de todo, es mi admiradorsh xDDD.
Besosos miles!!! Y que te vaya bien donde las "Pamelinhas" xD.
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Después de dejar solos a Paul y Anna, Marilyn se quedó conversando con Giovanni y a la vez buscaban a Fefo, para que organizaran las actividades que tendrían que hacer como 4º Medio. Sin embargo, no perdió de vista a César. Le atraía tanto la idea de conocerlo más a fondo. A lo mejor se estaría enamorando, aunque era poco probable, puesto que se conocieron un par de minutos. Pero la vida está llena de posibilidades, sin contar sus causas y consecuencias.

Todos los alumnos del 4º Medio se reunieron en el auditorio para discutir las actividades que tendrían que hacer durante el año, sobre todo lo que estaba relacionado con tradiciones del colegio. Un festival acuático, una representación artística y un paseo de invierno estaban incluidas en la lista, y eran de suma importancia.

- Al Dire le gustaría mucho que hicieramos algo que lo emocionara- decía Marilyn con convicción y con conocimiento de los gustos del mandamás.
- ¿Por qué no hacemos un "musical"? Al Dire le gustan mucho los musicales con éxitos antiguos- Giovanni ponía caras de cranear algo.
- ¡Sí! Y además... Debiera ser una comedia romántica...

Marilyn se puso roja cuando se cruzó con César. Alto, de pelo negro, no muy macizo y de semblante serio, que ante la alegría y el carrete se transforma en lo contrario. Así lo vio. Pero las sorpresas fueron más que explosivas. El muchacho alto le tomó la mano y la acercó hacia sí.

- Hola, mi Marilyn hippie- una sonrisa adornó el severo rostro de César.
- Oye, cálmate- Marilyn le soltó la mano en un gesto autómata-. Como que recién nos estamos conociendo...
- Perdón... perdón. Es que suelo ser así.
- No importa. Igual me caes bastante bien. Nos llevaremos de maravilla, supongo.

Entonces César le habló de su llegada al colegio, de sus injustas repitencias y de las ganas que tenía de estudiar. Debido a tanta enfermedad, accidente y problemas, se había perdido en el limbo de la educación culebreada. Pero Marilyn borró de un plumazo sus preocupaciones.

- Si necesitas ayuda, puedes recurrir a mí. No seré la mejor... aunque Anna diga que sé explicar bien. Es que ella siempre me pide ayuda cuando no puede hacer ejercicios de matemáticas.
- Gracias, bella Monroe.

Media vuelta. Si seguía con ese galanteo de películas, lo agarraría del cogote y... le daría un beso. ¿Será amor a primera vista? Lo dudaba bastante, por cierto. Pero algo la estaba atrayendo a su cuerpo, a su alma luminosa, a su aire bohemio... Ni ella lo entendía. Acertó con eso de hippie, pues Marilyn tenía el pelo largo y claro, el cual adornaba con un pañuelo que hacía de cintillo. ¿Era un simple "joteo" o representaba un "algo en serio"?

El tiempo era el único juez posible.

Mientras tanto, Anna estaba caminando por el pasillo junto con Gigliola, Chèrie y Yoko, su amiga del Japón. Las cuatro se mataban de la risa con tanta copucha, cuando se cruzaron con una Marilyn confundida y seria.

- ¡Mari! ¿Qué onda? Te veo rara, como bajoneaa... ¿Qué paso?- el coro de preguntas fue el canal de desahogo de su amiga.
- Creo que me está empezando a gustar alguien... no estoy segura. Lo acabo de conocer, es muy lindo y tierno...
- ¡AJÁ!- saltó Anna-. Te apuesto a que es el hermano del mino que conocí hoy.
- Ese mismo- Marilyn bajó la mirada a media asta-. Tengo penita... sé que es una pesadilla con cara de jote... No puedo estar con él.
- Vamos, Mari- Yoko le acarició el largo pelo-. No te pongas malita. Eres bonita e inteligente, la mejor alumna del curso. ¿Te vas a echar a morir por un idiota de dos metros? Hay que lanzarse a la conquista y ser feliz. No te amargues...

Marilyn sonrió ante el gesto. Dio la media vuelta y se olvidó del tema. Pero más tarde empezó a recordar. Ese día, cuando Anna lloraba por Patrick, César se estaba matriculando junto con sus hermanos. Entonces pensó en su figura estilizada, y tarareó despacito:

Era...
La tarde cuando el sol caía.
La tarde cuando fuíste mía.
La tarde que te dí mi amor.

César estaba sentado en el patio buscando un número en su celular. Sintió una sensación extraña y sus labios susurraban palabras de amor.

Era la tarde
la tarde cuando el sol caía;
la tarde cuando fuíste mía;
la tarde que te dí mi amor...

Entonces César miró hacia las ventanas del segundo piso y allí se encontraron, con las miradas fijas el uno al otro, como gritándose que su encuentro no había sido en vano.

Volé por el cielo al sentir
tu te quiero y soñé,
que distintas serán mis mañanas
porque ayer te ví.
Gritaré por el mundo:
¡Oigan todos, aquí estamos tu y yo!,
dame un beso, no hablemos,
pensemos que dulce que sos.

Fue cuando sonó el timbre. La inspiración se había quebrado en ese punto. César y Marilyn subieron a su sala, al igual que Marilyn y los demás. Se sentaron en sus puestos. Anna junto con Marilyn, César junto con Mariano (lo había conocido hace poco y ya eran amigos), Paul junto con Antonello (otro más xD), y así...

Se abrió la puerta y apareció una bella rubia, de figuras aceptables, con porte y coqueta de pies a cabeza. Su nombre era Gloria, la profesora jefe del 4º Medio. Linda y simpática, como la había conocido César, quien se acercó a saludarla. Sus piernas eran su punto fijo. A lo mejor la quería sólo para él, murmuraban en el curso.

Marilyn reconoció a su rival. Había comenzado otra historia...

viernes, 5 de enero de 2007

III. La verdad de su llanto

Las vacaciones pasaron sin pena ni gloria. Fiestas de fin de año, piscinas, playas, idas al norte, al sur, al extranjero... entre otras maravillas. El asunto es que todo el colegio descansó. Anna estaba más repuesta y alegre. Organizar un viaje con sus amigas fue su labor durante ese período. Y lo consiguió con éxito. Por otra parte, los tres hermanos, ya matriculados, iban a su antiguo barrio a visitar a sus amigos. En especial Paul, quien extrañaba a sus amigos de años.

Pero saltémonos la vagancia de nuestros personajes hasta el primer día de clases. El 4º Medio estaba bastante acongojado porque volvían a clases y amaban sus vacaciones, pero estaban plenamente conscientes de que sería su último primer día. Fefo estrenó su trono de presidente del Centro de Alumnos, junto a sus inseparables secretarias, en especial Chèrie. Todos se mataban de la risa con el ego hinchado que irradiaba su eterno protector, quien se encargó de dar un buen puntapié a quien ocupaba el cargo el año anterior. El mismo que gorreó a su gran amiga.

Los hermanos entraron a clases y recorrieron los pasillos con calma y hasta con recato. César se mostraba interesado en recrear la vista de su matriculadora, la profe Gloria. Lucas ya tenía sus primeras admiradoras. Pero Paul estaba con la vista fija en los ojos opacos de Anna. Por alguna razón le atrayó su fuerte desplante, eclipsado por su pena de amor. Entonces una mano adornada por un anillo de plata le hizo aterrizar.

- ¡Hola! Tú eres nuestro nuevo compañero, ¿cierto?
- Emmm... sí. Soy de 4º. ¿Cómo te llamai?
- Giovanni. ¿Y tú?
- Paul.

Se estrecharon la mano. Giovanni era uno de los escuderos de Fefo y eterno amigo de Anna. La consideraba una hermana y estaba dentro de la lista de los "cocineros de las criadillas de Patrick".

- No mires tanto a mi hermana...
- ¿Hermana? ¿A quién te refieres?
- ¿Pa qué te haci el leso...? Si igual la Anna no es mala mina. Pero tiene un problemita.
- ¿Qué le pasó?
- Bueeeno. Todo comenzó cuando ella entró en 7º Básico a este colegio. Se enamoró perdidamente del Patrick, un gallo que iba en 8º. Empezaron a pololear cuando ella iba en 1º Medio. Fueron felices, era la pareja más popular del colegio. Algo así como las parejas de la tele, onda así. Pero resulta que al niño lo ascendieron a presidente del Centro de Alumnos y las admiradoras lo acosaban. ¿Y sabí lo que pasó?
- No lo sé... no la conozco ni me han contado nada.
- Se la cagó con una mina que era... la secretaria del Centro parece...
- Uhh...- Paul volvió a fijar la vista en donde estaba Anna, pero ella había desaparecido.
- Al final la Anita se enteró e intentó arreglar la cagá que se había mandado este gil. ¿Y sabí qué más pasó?
- Te dije que no sabía nada...
- El Patrick dejó embarazada a la mina.
- ¿A Anna?- saltó de inmediato.
- No, tonto. A la mina ésa, la secretaria. El papá la tuvo que sacar de aquí antes de que quedara la cagá. Pero todo el colegio se enteró. La Anita lo mandó a la cresta y la pobre cayó en depre fuerte... Y pa más remate el tonto gil sigue viniendo al colegio...

Durante la cháchara de Giovanni, Paul divisó a tres cabezas femeninas que se iban aproximando hacia donde estaba. Eran Gigliola, Marilyn y Anna, quienes iban camino al baño antes del comienzo de la ceremonia del primer día. El cruce fue inevitable.

-... y desde ese entonces es persona non grata en este colegio. Si lo llegan a ver, le van a cortar las hu... ¡Anita! ¡Qué linda estás!
- Hola, Giovanni. Otra vez con esos lentes go-go...
- Ay, pero si son lindos, me los regalo la Pili. Pero, ya no importa, te presento a un gallo que va a ser nuestro nuevo compañero.

Paul y Anna se miraron fijo harto rato, como en las ocasiones anteriores. Ya no eran extraños, sino compañeros. Rompiendo con la timidez y la tensión del momento, Anna lo tomó del mentón y le plantó un beso en la mejilla.

- ¡Mucho gusto, corazón! Yo soy Anna, y ellas son mis amigas Gigliola y Marilyn.

En ese instante se oyó un grito estridente proveniente de la boca de un varón. Varón recio, según la vista de Marilyn, quien chocó contra él.

- ¡Ten más cuida...!- se ruborizó y se ocultó detrás de sus mechas onduladas- Hola...
- ¿Quién eres?- preguntó César, extrañado y a la vez como hechizado.
- Marilyn...- le tendió la mano. Mano que César estiró para sí y le dio un beso en su mejilla de tomate.
- Él es mi hermano César, es mayor que yo- intervino Paul, advertido por los signos galanes.
- Mish, qué alto eres. Son tan tiernos ustedes...- añadió Anna.

La turba de amigos se disolvió. Paul y Anna estaban solos en el pasillo. Se miraban atentamente, sujetos a un recuerdo en común. La mañana mostraba un sol brillante, el cual ilumino sus camisas blancas y sus corbatas rojas. El jumper de Anna era estrecho y corto, el cual estilizaba su figura. Entonces Paul la ansió. Para siempre.

- Me acuerdo de ti- Anna quebró el tenso silencio-. Tú te viniste a matricular un día, con tus hermanos, si no me equivoco.
- Sí. Aún no conoces a Lucas, mi otro hermano...
- Tú... ¿querías hablarme ese día?
- Bueno...- Paul se sonrojó. Sabía los pasos que estaba dando-. Sí... me preocupé por ti, aunque no te conocía. Estabas llorando.

Algo en Anna se quebró. Pero la mirada cálida de Paul sostuvo su pena inmensa. Un mar negro de lágrimas se ocultaba tras sus ojos. Guardaba distancia. No quería más errores en su vida...

- Lo siento. No he podido superar un golpe fuerte...
- ¿Alguien te maltrató? ¿Te hizo daño?
- No, Paul. No ese tipo de daño.
- No entiendo...
- ¿El Giovanni te dijo... la verdad?
- Este... me dijo que habías terminado una relación larga y fue por engaño...
- No sólo fue por engaño.
- ¿Entonces...?

Anna se tomó el vientre, autómata. Pero sacó sus manos de allí, las puso en su rostro. Y dijo:

- Dejó embarazada a su amante... y después a...

Corrió. No quería hablar del tema. Paul quiso perseguirla, pero algo le sujetaba los pies a la tierra. Vio sus lágrimas en el suelo cerámico del pasillo. Quiso disculparse. Anna ya había entrado al baño que siempre la acogió.

Y que casi la vio morir alguna vez...

viernes, 29 de diciembre de 2006

II. Mujer Bonita

Mientras Paul observaba desde la distancia cómo lloraba Anna, los amigos hacían esfuerzos infructuosos por tratar de consolarla. Porque sabían que agarraría todas las pastillas y se las llevaría a la boca... Así que entre caramelos con sabor a cocacola y dulces varios, le endulzaron su amarga existencia.

- Anna, tienes que olvidarte de esa cosa de dos patas que no sé a qué viene- Fefo estaba bastante molesto con las visitas seguidas de su rival-. ¿Por qué no acepta que ya dejó de ser parte de nosotros y que ahora yo soy el presi...?
- Fefo, ¡cállate! ¿No puedes hablar de otra cosa que no sea de ti?- Marilyn se acomodaba su abundante cabellera crespa-. Anita, yo creo que debes olvidarte definitivamente de Patrick. Es un bueno para nada que más encima va a ser papá. ¿Cómo te pudiste fijar en él?
- Mejor te hubieras fijado en mí, ¿o no, querida?
- ¡CÁLLATE, FEFO! Eres peor que Pato Lucas- Chèrie había perdido la paciencia-. Mejor vamos a hablar con el Inspector para que no lo dejen entrar más...

Gigliola, quien había salido a comprar helados, le convidó uno a Anna y se sentó a su lado, mientras Chèrie llevaba a Fefo de una oreja a la oficina del Inspector.

- Qué fuerte todo esto... Espero que el próximo año llegue gente nueva. Estuve hablando con la profe Gloria y me ha dicho que habrán alumnos nuevos este año, ya que otros tuvieron que retirarse por cambio de casa. ¿Qué opinas, Anna? ¿Te gustaría empezar otra vez...?

Anna miraba el suelo. Un chanchito de tierra se le acomodaba en el zapato. Una chinita se posaba en su muñeca y se sorprendió un poco, para luego regresar a su deprimente posición. Mientras contemplaba a la vistosa chinita, los tres hermanos se retiraban del colegio con sus matrículas timbradas y listas para el próximo año. Anna los miró, le llamó la atención el que iba al medio, aguantando callado las peleas de sus hermanos y el rayo potente de los 34 grados Celsius de verano. Algún día su memoria proyectaría aquel minuto...

Y se fijó otra vez en el suelo. La chinita había marchado, el chanchito de tierra se había ocultado entre las sombras y ella sentía deseos de llorar a mares, de vomitar todo ese dolor que la había marcado para siempre. Patrick fue su primer amor desde que entró al colegio de las Corbatas Rojas en 7º. Soñaba con graduarse vestida de princesa y caminar al lado de su amor eterno. Eterno entre comillas, porque al apoderarse en 3º Medio del poderío estudiantil, su popularidad creció como población de hongos. Tenía hasta fans repartidas por todos los cursos, hasta que se le ocurrió la grandiosa idea de meterse con una de ellas.

Al instante de enterarse, le pidió explicaciones a su novio. Pero el sí la destruyó más. Sí, te engañé. Lo mando a freir monos al África, a la punta del cerro, a la chucha, a la mierda, etc. El asunto es que después del cambio de mando en el Centro de Alumnos se formó una brecha entre ellos, la cual Patrick cruzaba cuando quería, haciendo sufrir a la desconsolada Anna.

Se paró de su sitio, sin dar explicaciones a Gigliola, quien terminaba su helado de piña. Anna caminó hacia el baño de mujeres y se mojó el rostro hinchado de tanto sufrir. Luego se miró al espejo, se acomodó su pelo liso y abundante y recordó...

----- Flash Back -----

Todos estaban celebrando el cumpleaños de Anna, un día de invierno, bastante lluvioso por cierto. Cantaban, tomaban hasta el agua del florero y reían a carcajadas, haciendo funcionar el tocadiscos del dueño de casa. Habían puesto canciones antiguas que tarareaban y remedaban casi, hasta que tocaron una en especial. Patrick se puso de pie, tomó una botella que hacía las veces de micrófono, le lanzó un beso a Anna y le dijo:

- Esta canción es para ti... mi vida. Mi mujer bonita...

Se escuchaban sonidos al estilo rock and roll. Todos en sus sitios bailando y acompañando con palmas.

Pretty woman, walking down the street
Pretty woman, the kind I like to meet
Pretty woman, I don’t believe you
You’re not the truth
No one could look as good as you
Mercy!

Era la primera vez que veían a Patrick cantando y bailando como un rock star.

Pretty woman, won’t you pardon me
Pretty woman, I couldn’t help but see
Pretty woman, that you look lovely as can be
Are you lonely just like me?

Y justo se detuvo en esta pregunta, apagada con el calor de un beso...

----- Fin -----

- ¿Te sientes bien, Anita?- Gigliola la tomó de los hombros y la abrazó sin fin.
- No lo sé... quiero ser feliz. Volver a ser una mujer bonita, como decía Patrick.
- No, Anita. No como Patrick... A lo mejor otro no te dirá "mujer bonita", pero sí te dirá "mujer maravillosa". Y esa persona te amará y te respetará. Será lo mejor.
- ¿Tú crees, Gigi?
- No estoy segura. Pero de que volverás a ser feliz, sí.

Y Gigliola no estaba equivocada.

domingo, 17 de diciembre de 2006

I. El ganador se lo lleva todo

N/A: Señoras y señores, esto es "Retroamores". Les advierto que deben poner atención a los temas que salen en la novela, ya que pertenecen a canciones antiguas que me agradan.
Espero que les guste ^^. El primer capítulo se lo dedico a mi pololo, que lo estaba esperando. Te amo, mi vida-musoinspirador xD.
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Decían que el colegio de las Corbatas Rojas era el más popular en toda la ciudad. Sobre todo cuando hablamos del ambiente ameno que se vive allí, todos amigos y enemigos, se conocían bien entre ellos y si pasaba algo, en cinco minutos todo el colegio sabía la noticia. Muchos querían entrar a ese colegio, pero el proceso de selección era tan minucioso que a veces había que agrandar los cursos y rechazar gente sin importar el qué dirán. Pero las historias de amor no las niega nadie. Y he aquí una de ellas.

Un día de verano, antes de comenzar las clases, aterrizaron los últimos postulantes. De 7º para arriba se podía entrar. Ni más ni menos. Entre la muchedumbre se distinguían tres hermanos que discutían entre ellos. Uno era altísimo, flaco y con pinta de macho joven que manda. El que le seguía tenía el semblante serio, también era alto, callado y le hablaba a su interior. El último era el más bajo, el más desordenado y el que se reía en la fila, comentando las nuevas "amigas" que conocería en su nuevo colegio. Se habían cambiado de barrio y buscaban posibilidades de adaptación, a pesar que los dos mayores entrarían a 4º Medio.

Las entrevistas demoraban mucho, así que todos los profesores se pusieron las pilas para atender a todo el mundo. Entre papeles, fichas, exámenes y cosas varias, interrogaban a todos los postulantes de manera selectiva y sistemática. Cuando correspondió el turno a los tres hermanos, los entrevistaron juntos. Les preguntaron sobre las razones del cambio de barrio.

- Es por el nuevo trabajo del papá- dijo el mayor.
- ¿Cuál es tu nombre?- preguntó la profesora, muy joven, de cabello rubio y de facciones delicadas.
- Julio César- le dijo, con tono de "las moscas están desenredando tu hermoso pelo".
- ¿Tu edad?
- 21, señorita.
- ¿21? ¿Para 4º Medio...?
- Es que... estuve bastante enfermo y... repetí un año por enfermedad y otro por...
- ¡Vago!- dijo el más chico.
- ¿Te podí quedar callado?- se sulfuró el pobre César.
- ¿Tú también vas a postular? ¿Cuál es tu nombre?
- ¡Lucas! Tengo 14... y... ¡mi hermano es un porro!
- ¡CÁLLATE...!
- Ay... lo que son los hermanos- suspiró la niña-mujer. ¿Y tú?
- Paul...
- ¿Edad?
- 17.
- No has hablado nada durante este rato... me extraña. Te ves bastante introvertido.

Paul se sonrojó. Siempre decían lo mismo de él. Que era callado, introvertido, tranquilo, no manifestaba sus sentimientos ampliamente. Terminó la entrevista y la profesora les pidió que esperaran afuera, sentados y ordenados, por cierto.

Los tres tomaban bebida mientras seguían discutiendo. César pensaba en la extraña belleza de la profe, Lucas se salía de su puesto y daba vueltas por allí y Paul contemplaba el paisaje, antes de que comenzara el recreo, cuando sintió unos pasos. Pertenecían a alguien que corría muy rápido. Luego, unos sollozos. Por último, los hermanos vieron pasar rápidamente a una niña no tan alta y de uniforme que lloraba desconsolada. Tenía sangre en el puño de la blusa y corría a los brazos de un grupo de amigos que se encontraba en una esquina del patio.

Sintió deseos de consolarla. Pero esa labor le correspondería después...
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Las mañanas en el colegio de las Corbatas Rojas solían ser alegres y tranquilas. Aunque a fin de año siempre ocurrían hechos estresantes que colmaban la paciencia de muchos y pasaban a engrosar el libro de las eternas copuchas. Entre discusiones por pruebas y amores destrozados, la vida del colegio transcurría fluidamente. Hasta que ocurrió.

Anna era una chica de 3º Medio, morena y bajita, que le gustaba mucho el arte y las letras. Soñaba con montar su propio show, ser una estrella y brillar de lejos. No era la más aplicada, pero tenía cierta inteligencia guardada para ayudar a los demás y tratar de ser feliz. Aunque no le sirvió para conquistar a su pololo como se debía. Todos la vieron llorando en el pasillo un día antes de que terminaran las clases. La noticia de su tristeza había cruzado de norte a sur las dependencias de las Corbatas Rojas, después del cambio de mando del Centro de Alumnos. Todos estaban felices porque Fernando, el chico más popular del colegio, había asumido la presidencia. Pero los rostros de furia y venganza iban dirigidos hacia el alumno que salía del mando. Patrick egresaría de 4º Medio, con el "SQP" a cuestas, después del condoro que se mandó.

El asunto era que la pobre Anna estaba triste. Sus amigas, Marilyn y Gigliola, la protegían de todo mal. Como la chica estaba con tratamiento psiquiátrico, debían protegerla de los intentos de suicidio, que eran bastante numerosos. El director pedía su retiro sabático del establecimiento, pero era el último año, y quitárselo sería romper con la brecha que la separaba de la muerte. Ella deambulaba por los pasillos, como un fantasma de faldita gris, tarareando canciones de amor sufrido.

Le habían roto el corazón. Con un par de cuernos en la frente.

Terminó el cambio de mando del Centro de Alumnos y ella salía del baño. Había lavado su rostro después de nadar en lágrimas. Pero alguien la esperaba en la salida. Alguien que necesitaba oír su voz, hablar con ella, sentir el calor de su abrazo. Aunque desafortunadamente nada de calor quedaba para él.

- Patrick- Anna trató de disimular las lágrimas-, sal de mi camino. No quiero verte.
- Vamos, Anna. Arreglemos este problema como personas civilizadas...
- ¿A qué mierda le llamas "persona civilizada"? ¿A aquella que es mentirosa y más encima es caliente? ¡Déjame en paz!
- Por favor... ¡Dame una oportunidad! Anna, yo te amo todavía...
- ¡Y te atreves a decir que me amas aún! Eres un batracio insatisfecho. ¡No quiero verte!
- Está bien- Patrick tomó aire y su figura de despecho se transformó en estatua altanera-. Como tú digas, sabelotodo. Siempre ganas en esto, ¿no? Tienes razón, seré un batracio insatisfecho. Y tú eres un gomero, no haces nada por ti, todos tenemos que estar detrás tuyo, ¿cierto? Me aburrí de este juego. Ya no quiero tu entrepierna...

Cinco segundos después, de la mano de Anna caían gotitas de sangre. Patrick yacía en el suelo, con los dientes manchados de rojo oscuro, haciéndo una mueca malévola. Anna lo miró, poco piadosa, y luego en susurros le cantó:

The winner takes it all
The loser standing small
Beside the victory
That's her destiny...

Anna corrió hasta el final. No quiso seguir contemplando a un Patrick desarmado y con sangre en la nariz. Salió al patio y pasó por al lado de tres muchachos que esperaban una respuesta a su postulación. Gigliola la atajó antes de que se estrellara contra la reja.

- ¡LO MATARÉ! Es una mierda... lo odio. Me cagó, me cagó...
- Pucha, Anita. No llores más. No merece tus lágrimas.
- Le saqué la chucha...

Gigliola miró el puño rojo sangre de su amiga.

- ¿Y qué tiene? Se lo merece. Vamos a buscar a la Chèrie y al Fefo, a ver si también pillamos a la Marilyn. Ellos sabrán qué hacer con el imbécil del Patrick...

Entonces divisaron tres cabezas que apuraban el paso hacia la muchacha triste. El único hombre era Fernando, el Fefo, nuevo cabecilla del Centro de Alumnos; su secretaria, la bella Chèrie y Marilyn, alta y de pelo largo ondulado, café hippie. Gigliola les contó lo sucedido con bastante rapidez.

De pronto, Anna notó que un par de ojos desconocidos la miraban profundamente. Sus ojos hinchados le respondieron con ternura. En ese rostro, por alguna razón extraña, encontró una paz que entre sus amigos se habría traducido en venganza. Quiso acercarse, pero no se atrevió. Después de todo, ella había jurado nunca más acercarse a un hombre, a menos que fuera el Fefo, su eterno amigo.

Pero Paul estaría el próximo año para curarle las heridas. Y eso era lo que precisamente le comunicaría la bella profe Gloria, mientras salía de su oficina.